8 modos de prevenir que los alumnos hagan trampas

La claridad sobre los objetivos de aprendizaje y las preguntas centradas en los procesos de pensamiento pueden reducir la posibilidad de que los estudiantes copien.

Artículo original escrito por Stephanie Toro y publicado en Edutopia el 11-01-2021

Imagen de Akshay Chauhan en Unsplash.

¿Cómo puedo prevenir que estudiantes copien en pruebas y exámenes? 

La pandemia ha hecho que esta pregunta surja con mayor frecuencia debido a la preocupación de los docentes sobre la calidad del aprendizaje y su preocupación porque los alumnos copien. Con todo, que los alumnos hagan algún tipo de trampa, siempre ha sido una preocupación común.

Pero algo falla en esta pregunta: asume que los estudiantes quieren copiar y que lo harán con toda probabilidad. Además, esa pregunta surge como reacción a un supuesto problema en lugar de prevenirlo. El consejo de Stephanie Toro, como investigadora educativa, siempre ha sido el evitar parches y resolver el problema de raíz. Toro anima los docentes a reflexionar en torno a dos cuestiones:

  • ¿Por qué copian los alumnos?
  • ¿Cómo podemos los docentes crear una cultura que elimine el deseo de copiar?

Para eliminar la tentación de hacer trampas necesitamos adoptar estrategias que reduzcan la ansiedad sobre pruebas y exámenes, aumentando la claridad sobre los objetivos, sobre el progreso de los alumnos, y enfatizando la importancia de proceso de aprendizaje. Queremos que los estudiantes se relajen respecto a las pruebas y exámenes para que los vean como una oportunidad para demostrar su actual nivel de conocimiento y destrezas.

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1. Cambia tu lenguaje. A veces, involuntariamente, nuestro lenguaje y actitud refuerzan y ponen el énfasis únicamente en las respuestas correctas y en las calificaciones. Durante el período de aprendizaje, trata de emplear un mayor número de preguntas abiertas. Enfatiza ese proceso de reflexión en lugar de buscar respuestas finales o definitivas.

Como docente de ciencias, ingeniería y matemáticas, hago que los alumnos expliquen cómo resolverían un problema y asigno una mayor calificación en las evaluaciones a aquellos que demuestran su proceso de pensamiento en la resolución de los mismos. Intento no dar la repuesta correcta cuando ellos me preguntan. Por el contrario, les respondo con otra pregunta que les incite a repensar y profundizar en el problema.

2. Una organización constructiva. El orden de los objetivos de aprendizaje, de los criterios de evaluación y de los indicadores de logro, es fundamental para prevenir que los estudiantes copien. Los objetivos proporcionan claridad respecto a lo que se espera de ellos. Cuando los alumnos saben que esos objetivos son una clara representación de lo que aparecerá en una prueba, no presentan tanta ansiedad y se pueden preparar mejor para ser evaluados.

3. Pequeñas y frecuentes evaluaciones. Estas pequeñas y frecuentes evaluaciones reducen la ansiedad frente a la condensación de contenidos en grandes pruebas o exámenes. Además, proporcionan al alumno información y feedback constante sobre su aprendizaje, proporcionando claridad y, nuevamente, reduciendo la ansiedad frente a lo desconocido. Yo fomento la voluntad por mejorar. Reemplazo una calificación pasada por una reciente si los alumnos han sido capaces de demostrar una mejora en su aprendizaje. Esto genera una cultura en la que los alumnos se sienten recompensados por su propio crecimiento y por aprender de los errores.

4. Pruebas “diagnósticas”. Una semana antes de un gran examen sobre uno o varios temas, los alumnos individualmente completan un test “diagnóstico”. Después, revisan esa prueba en grupos siguiendo un protocolo. Ellos identifican la respuesta correcta, señalan la dificultad del problema, los conocimientos que eran esencial saber y cómo podrían estudiar o prepararse mejor para preguntas similares. En ningún momento les proporciono las respuestas correctas. A los alumnos les encanta debatir sobre estrategias de estudio con sus compañeros. Finalmente, tienen una semana más para estudiar y solicitar orientación adicional.

Imagen de Jeswin Thomas en Unsplash.

5. Diseño de las pruebas. Mucho procesamiento cognitivo sucede durante un examen y gran parte de éste no está relacionado con el contenido en sí mismo. Permite que los alumnos conozcan la estructura y el formato de antemano. Usa una portada o introducción con alguna viñeta o chiste gracioso que ayude a activar la dopamina que calme a tus alumnos. Yo suelo incluir citas de mindfulness para reducir la ansiedad y recordar a los alumnos que analicen los problemas en pequeños bloques.

6. Diseño de las preguntas. Podemos construir preguntas alejadas del formato de repuesta única y definitiva, reforzando así el proceso de aprendizaje. Haz preguntas centradas en la capacidad de resolución de problemas o en el propio proceso de aprendizaje de los alumnos. Otra opción es pedirles a los estudiantes que expliquen un ejemplo o que creen escenario en base a ciertos criterios. También les ofrezco un problema completamente resuelto y ellos deben analizar la respuesta y justificar ese análisis con evidencias de aprendizaje. Si los alumnos saben que las preguntas ponen el foco en su razonamiento individual, aumentará su apreciación por el proceso de evaluación.

7. Revisa y reflexiona con un “cierre de examen“. Enfatiza el proceso de aprendizaje enseñando explícitamente a reflexionar sobre el propio proceso. Usar un “cierre de examen” siendo éste una guía con preguntas que ayuden a la reflexión, facilitará que los alumnos identifiquen tanto su grado de desempeño como las estrategias para mejorarlo. No es suficiente con conocer sus errores, también necesitan saber por qué los cometieron.

8. Registros metacognitivos. Después del “cierre de examen”, los alumnos responden a cuatro preguntas. Primero, identifican sus puntos fuertes. En segundo lugar, resaltan las áreas en las que han mejorado. Después, describen acciones concretas a través de las cuales pueden cambiar y mejorar. Finalmente, la cuarta pregunta les incita a pensar sobre cómo pueden abogar por su aprendizaje y solicitar ayuda a su profesora si fuese necesario. Mantengo entrevistas con mis alumnos en las que hablamos sobre estas cuatro preguntas. Esto reduce la ansiedad de hablar con un docente y no saber sobre qué hacerlo.

<p class="has-small-font-size" value="<amp-fit-text layout="fixed-height" min-font-size="6" max-font-size="72" height="80"><em>Esta entrada es una traducción del artículo publicado por <a rel="noreferrer noopener" href="https://www.edutopia.org/profile/stephanie-toro&quot; target="_blank">Stephanie Toro</a> en la <a rel="noreferrer noopener" href="https://www.edutopia.org/&quot; target="_blank">Edutopia</a>. La autora es investigadora y profesora asistente en la Universidad de de los Andes en Bogotá</em>,<em> Colombia.</em>Esta entrada es una traducción del artículo publicado por Stephanie Toro en la Edutopia. La autora es investigadora y profesora asistente en la Universidad de de los Andes en Bogotá, Colombia.

Publicado por Diego Téllez Rodríguez

Maestro de Educación Primaria. Licenciado en Antropología Social y Cultural. Máster en Innovación Educativa.

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